Crónicas de Dos Ruedas

Vio la luz de la calle en agosto de 2005, cerca del centro de Bogotá, en Colombia.
De piezas de diferentes nacionalidades, El Sr. Esmít (entonces llamado Srito. Esmít) fue armado por encargo del Aguilar Film Institute con fines de apoyo logístico en las áreas de transporte y diversión de dicha asociación durante los meses en que esta trabajaba en este país.

Aunque sus padres querían que fuera bicicleta de montaña (su cuadro no logra ocultar sus raíces), desde recién armado, Esmít supo que su verdadera pasión eran las calles y la ciudad, las infinitas banquetas y los asfaltos dañados del tercer mundo. Perdón, del mundo en vías de desarrollo o del mundo de las economías emergentes, como ahora se hacen llamar para no herir susceptibilidades.

Su madre, una Piranello de ruta, hecha a mano en Treviso, Italia, había pasado sus últimos años en Europa trabajando como guía de turistas en Bélgica y Suecia. La excentricidad de un español que se la quedó en un paseo por las afueras de Estocolmo la llevó hasta Medellín como parte del “equipo” de una ONG a favor de los mamíferos marinos, donde fue cambiada por tres botellas de aguardiente (cristal, sin azúcar) y 2 onzas de orégano.

El padre del Srito. Esmít era una bicicleta Trek de doble suspensión, con cambios shimano, que había recorrido buena parte de Colombia como parte de un equipo de montañismo extremo con sede en Cali. De corazón y piezas estadounidenses pero armada y pedaleada en Colombia.

Las primeras rodadas de Srito. Esmít lo llevaron por cada rincón de la ciclovía bogotana, para después aventurarse por pueblos aledaños a la ciudad, carreteras de un solo carril y centros de pueblo completamente empedrados.

En sus primeros días de trabajo en el Aguilar Film Institute tuvo la oportunidad de entrar a una proyección de Ladrón de Bicicletas, de Luchino Visconti, lo que sirvió para que inmediatamente se convirtiera en cinéfilo irredento. Aún hoy, si ve esta película, llora.
Pronto dejó la comodidad de las banquetas y los camellones para lanzarse a la jungla de los carriles múltiples y la temida tierra de los transportes públicos.

En plena adolescencia y gracias a una beca del Aguilar Foundation dado su interés por adentrarse más en las cuestiones urbanas, tuvo que dejar su natal Colombia para viajar a Argentina, donde tomaría una maestría en movilidad urbana y asistiría al IV Congreso Internacional sobre Transporte Latinoamericano Alternativo de Dos Ruedas, CITLADOR, como es conocido por sus siglas.

Creció y alcanzó la edad adulta en la Ciudad de México, donde en tiempo récord recorría la distancia entre el periódico Excélsior y su casa en la colonia Nápoles, tomando como pista de obstáculos la siempre transitada avenida Insurgentes y la no menos retadora Av. Cuauhtemoc.

Alguna vez sufrió accidentes y percances (que no dejaron secuelas graves) haciendo algo de montañismo en el Ajusco, lo cual le confirmó que su verdadera vocación, pasión y llamado estaba en las ciudades, en esos recorridos intensos y a veces explosivos que debían pertenecer más a una bicicleta-mensajero neoyorquina.

Esos seres que tanto admiraba desde que había visto Messengers de Yasuo Baba, un filme japonés de 1999 en el cual una joven profesionista terminaba trabajando como mensajera en bicicleta en Tokyo, tras atropellar a un mensajero y no lograr llegar a un acuerdo en el juicio. Una oda fílmica a los mensajeros en dos ruedas.

Su documental favorito es Klunkerz de William Savage, filme sobre el nacimiento a mediados de la década de los sesenta de lo que hoy conocemos como “bicicleta de montaña”.

Antes de hacerse cargo, en un puesto compartido con la Dra. Rata Eléctrica, de la Oficina de Nuevas Adquisiciones del Aguilar Film Institute, sobrevivió una extraña permanencia en Monterrey, lugar al que jamás pudo acostumbrarse y cuya infraestructura vial desafiaba agresivamente la existencia de su especie: bi-ciclaes urbanis.

Al Sr. Esmít no le gusta pisar el pasto. Tampoco le gusta tener que pasar mucho por el centro de la Condesa. Cree que la mayoría de las bicicletas de ahí están más preocupadas en verse bien, estar de moda, ser de marca o traer accesorios de importación que en simplemente salir a pedalear a donde sea.

Cuando quiere dejar ir la imaginación, se va a los domingos que cierran Reforma a ver bicicletas e inventar historias. Les crea oficios o los imagina. A veces se acerca y platica con ellas. Pero lo que más disfruta, es estar en la calle.
Este es el Sr. Esmit. Y éstas, sus aventuras.

– sospecho que muy en el fondo de tu alma eléctrica, tienes un complejo de inferioridad o problemas con el tamaño de tus ruedas.

– te voy a mandar a desinflar, sé donde te amarran, cuídate.

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– ya supiste que aquí en la esquina atropellan gente en moto?.

– ah chingá, te cae?

– sí. y a la mera hora resultó que fue culpa de los chavitos de la secundaria. por ir tarde.

– mira, como para decir que correr hacia la educación mata.

– chale, ese es peor que chiste de negros.

– uhhh, me sé uno buenísimo…

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– un día serás mío, pinche viaducto… (muaaa jaaaajaaa jaaaa)

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– qué onda ?? saben que puedo comprar en este mercado ??

– mmhhh espérate, es que este wey… – no, mira, ya vamonos o no llegamos, andale (smuack smuack de llanta)…

– noo… pus perdón. (consíganse un garage, par de calientes)

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– Miren qué bonito es Reforma.

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– (uuuhhhh con la llanta le está agarrando la cadena… ¡qué atrevido!) están borrachos ??

– totalmente.

– ah. (envidia) ok. pues lléguenle a un lugar más privado, no?

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– ¿de dónde sacaron al robocop este? qué ridículos.

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#100FactsAboutMe

Publicar 100 tuits con los 100 datos #random sobre mí me parece un poco egocéntrico. Creo que puede rayar en el spam. Pero también resulta un interesante, lúdico y actual ejercicio. Y un gran pretexto para volver a publicar en el blog después de varias semanas de abandono total.

Pero como hubo quien me lo pidió (y a la CEO lo que pida), he aquí para satisfacción de curiosos y de quienes por accidente hayan acabado en este blog y en esta entrada.

Sin más preámbulos, he aquí ‘100 Facts About Me’.

1)   Sólo tengo un nombre: Arturo. Y agradezco mucho eso.

2)   Soy canoso natural. No, no me pinto el pelo color ‘sal y pimienta’

3)   Soy MUY puntual. No soporto nada la impuntualidad.

4)   Por principios ideológicos rechazo y evito cualquier tipo de violencia. Sólo me he peleado 3 veces en la vida. Las tres veces me madrearon.

5)   Tengo tres tatuajes.

6)   Soy de Xalapa y me siento orgulloso de eso.

7)   No me gusta Starbucks. Si me dicen que van por moda, lo respeto. Si me dicen que van por el café, se las miento. Literal.

8)   No me gustan las fresas (ni las frutas, ni las otras)

9)   He vivido en Cuba,

10)                  en Argentina,

11)                  en Colombia,

12)                  en Alemania,

13)                  en Tailandia

14)                  y en Monterrey (que casi es como vivir en otro país que ni es México ni es EUA… aunque ellos quieren creer que viven en el segundo)

15)                  El American Way of life y lo gringo no me emociona.

16)                  Amo viajar en modalidad mochilero.

17)                  Viví muy de cerca el tsunami del Sureste Asiático de 2004. Yo vivía entonces en Tailandia. Nunca olvidaré eso.

18)                  Soy tímido. ¿ligar? Ja. Soy en verdad malo.

19)                  A nadie admiro más que a mi papá. En todos sentidos ha sido el gran ejemplo de mi vida.

20)                  Adoro correr. Me motiva e inspira mental y creativamente.

21)                  Hablo solo todo el tiempo.

22)                  Me molesta haber dejado de hablar alemán. Es un idioma que si no practicas, pierdes.  Me consta.

23)                  Soy muy muy analítico de todo.

24)                  No soporto a cualquier persona que habla como si trajera consigo una verdad absoluta.

25)                  Estoy muy (mal)acostumbrado a hacer todo solo.

26)                  Soy escéptico.

27)                  Soy agnóstico.

28)                  Por mis hermanas soy capaz de romperle la madre a quien sea (a pesar de contradecir el punto 4)

29)                  Estoy muy orgulloso de mis hermanas Rocío y Abril.

30)                  Le voy a los Pumas.

31)                  Tengo una cicatriz en la cabeza por un accidente muy fuerte que tuve de niño.

32)                  Si dijera el IQ que me diagnosticaron de niño, muchos creerían que es por mamonear.

33)                  Soy buzo profesional (Divemaster)

34)                  Lloro con casi todos los documentales que veo.

35)                  Lloro mucho en el cine con ciertas películas.

36)                  Ya escribí un libro.

37)                  Ya planté un árbol.

38)                  En promedio veo más de 25 películas al mes (algunas son películas que veo por 2ª o 3ª vez).

39)                  Hasta hace muy poco, nunca le había dicho que no a un nuevo proyecto laboral o profesional.

40)                  Me gusta tener siempre en la alacena varias marcas de cereales.

41)                  Me gusta hacer el super.

42)                  Me gustan los mercados y tianguis (soy muy chacharero).

43)                  Amo el cine más allá de lo que se podría explicar aquí. Pero NUNCA he querido hacer cine.

44)                  En el primer año de prepa se me metió la idea de escribir de cine y dedicarme a eso.

45)                  Me gusta mucho manejar en carretera (amigos y familiares coinciden que soy un muy buen conductor).

46)                  No tengo auto y no pienso ni necesito comprarme uno.

47)                  Tengo una moto eléctrica.

48)                  Pero prefiero usar mi bicicleta (el Señor Esmít) cuando se puede.

49)                  No doy mordidas.

50)                  Creo fuertemente que México cambiará cuando la gente deje de esperar que otros lo hagan primero para hacer un esfuerzo o sacrificio a favor de la colectivo y no de lo personal.

51)                  Suelo ser extremadamente racional y práctico.

52)                  Nada me hace sentir tan querido como cuando mi mamá al verme/escucharme me dice: m’hijito chulo.

53)                  Soy poco afectivo. No soy de tener muestras públicas de afecto.

54)                  Soy bastante sociable, pero tengo pocos buenos amigos.

55)                  Tengo mejores amigos de lo que he merecido.

56)                  En etapas de mi vida, he podido pasar meses sin hablar con amigos o familia sin sentirme mal al respecto.

57)                  Disfruto y aprendo mucho estando conmigo mismo. Puedo hacerlo por largos periodos sin la mínima incomodidad.

58)                  Soy muy ojete y crítico conmigo mismo.

59)                  Me conocí como no me imaginaba podía hacerlo cuando pasé 3 meses solo de mochilazo por Asia.

60)                  Creo que uno nunca deja de aprender.

61)                  SIEMPRE hay una pregunta con una respuesta por descubrir. SIEMPRE.

62)                  Mi curiosidad y mi imaginación no saben mucho de límites.

63)                  Le invento historias a los objetos que me rodean y las escribo. Les invento nombres y vidas.

64)                  He inventado un personaje que es mi alter ego literario. Tiene nombre y apellido. Pero no se los voy a decir.

65)                  Soy 20% irlandés por parte de madre.

66)                  Pude jugar futbol profesionalmente (era medio por izquierda o por el centro) pero decidí estudiar. No me arrepiento ni un día.

67)                  Mis papás me enseñaron a escuchar y pensar antes de abrir la boca.

68)                  Hice un video con fotos de mi vida hasta los 25 por si me moría. Para que lo pasaran en mi funeral y se dieran cuenta que hasta ese día, había hecho lo que quería, cómo quería y no hubiera cambiado un día. Hoy eso no ha cambiado.

69)                  Me llena muchísimo dar clases a nivel universitario.

70)                  No tolero ningún tipo de discriminación.

71)                  No celebro los 14 de febrero.

72)                  Tengo una especial fascinación por la psicología.

73)                  He llegado a compartir casa con 14 personas al mismo tiempo.

74)                  Tener una novia alemana ha sido una de las experiencias más curiosas de mi vida.

75)                  A los 10 años salté a una alberca desde la plataforma de 10 mts. Entré no de pie, sino de cabeza, como los clavados deben ser. Mi papá casi se infarta.

76)                  A los 8 amenacé a una cuidadora en un hotel en Acapulco a que me escaparía de la zona de niños con mi hermana y se lo cumplí. Mis papás nos encontraron paseando en el lobby mientras ellos se tomaban algo en el bar contiguo.

77)                  Soy muy irónico y sarcástico.

78)                  Aunque sé que puedo perder más que ganar, muy pocas veces me he quedado callado (me ha costado trabajos pero lo volvería a hacer).

79)                  Leo mucho y muy bien a la gente.

80)                  Si quiero, sé cómo humillar y hacer sentir mal a alguien. No me hace sentir mal hacerlo ni me da remordimiento. Si llegaron a ese punto, se lo buscaron.

81)                  Leo mucho. Y cualquier persona que sé que lee tiene mi inmediata admiración y simpatía.

82)                  Era muy bueno en matemáticas. Pero no me gustaban mucho.

83)                  Me siento satisfecho de hacer lo que hago y a lo que me dedico en este punto de mi vida, pero aún tengo muchos más planes a futuro.

84)                  Necesito que la mujer con la que estoy/salgo/ando me inspire, me motive y me provoque admiración. Que tenga ideas, opiniones y gustos propios sin miedo a que no coincidamos. Hoy así es.

85)                  En los últimos dos años he conocido gracias a mi trabajo a gente interesantísima y que se han convertido en muy buenos amigos.

86)                  Lloré como niño chiquito cuando se murieron Saramago, Monsiváis y Dehesa.

87)                  Mi primer texto en Rolling Stone fue un ensayo sobre Germán Dehesa. Es uno de los textos más personales y de los que me siento más orgulloso en mi carrera.

88)                  La verdad no me gusta hablar de a qué ‘famosos’ he entrevistado.

89)                  He aprendido con madrazos. He metido la pata y cometido errores. Creo que es la única manera de crecer y aprender.

90)                  Dicen que soy un alma vieja.

91)                  Mi mamá me hacía dormir a las 7pm porque era yo hiperactivo de niño. Cerraba cortinas y decía que ya era de noche.

92)                  Analizar, investigar y reflexionar sobre medios de comunicación, tendencias, cambios, formatos, new media, etc. puede absorberme por horas. Literal.

93)                  Podría decir que mi banda favorita es Morcheeba. Cada que me cambio de casa. Necesito escuchar y ver su concierto en Brixton mientras desempaco y acomodo.

94)                  La fotografía es otra de mis grandes pasiones. Y no soy nada malo.

95)                  Trabajé en Big Brother México. Luego fui Director de contenido online de Gran Hermano del Pacífico (un Big Brother con habitantes de Chile, Perú y Ecuador que se produjo en Colombia y se transmitía a esos 3 países)

96)                  Me gusta mucho caminar. Caminatas de más de una hora son algo normal para mi en el DF.

97)                  Cuando viajo a un nuevo país no uso lentes de sol. No quiero mis recuerdos con un filtro para los colores reales.

98)                  Acepto que soy bastante complicado en ciertas cosas y excesivamente simple y práctico en otras, lo que no me hace fácil de entender o soportar.

99)                  La crítica de cine es mucho más de lo que la mayoría cree o piensa.

100)             Mucha gente me ha dicho que su primera impresión de mi (antes de hablar o conocerme) es que soy mamón o fresa.

2,197 días y contando… recordando un tsunami

… pero todo se andará. El progreso, como se reconocerá más tarde, es inevitable, fatal como la muerte. Y la vida. – Saramago

 

con Dim (Visser), en Koh Tao, Tailandia, unos días antes del tsunami.

con Dim (Visser), en Koh Tao, Tailandia, unos días antes del tsunami.

Tengo la teoría de que nuestro paso por este plano existencial y por este planeta es uno de los trabajos de guión más complejos que se pueden concebir. (y no. no creo que haya un ente o figura suprapoderosa, omnipresente y omnisapiente con un destino manifiesto para cada quién, escrito y preparado para que cada uno lo lea cual se le presenta sin la posibilidad de improvisar aquí o allá, cambiar pasajes, alterar sentidos y un largo etc.)

Para trabajar la complejidad de una vida en la estructura de un guión habría que considerar demasiadas cosas: la suma de una cantidad importante y elevada de variables externas + circunstancias, contextos y experiencias personales + cierta arbitrariedad (entre el azar y la suerte) sobre el ‘timing’, los momentos y los estados emocionales + un complejo marco social/cultural de asimilación e interpretación personal + vicios, traumas, gustos, preferencias.

Todo, claro, en una extraña simbiosis de constante mutación y reordenamiento.

Pero si algo me resulta cautivante de este gigantesco caldo de cultivo que es la naturaleza y la psicología humana, es la constante de los procesos.

Creo que somos la suma de infinidad de procesos y no una historia con un claro sentido de dirección y de identidad. Procesos de días, de semanas, de meses o años. Procesos que tienen que ver con aprendizajes, con autoconocimientos, con experiencias, con tristezas, con proyectos, con etapas, con edades, con parejas, con identificaciones, con prioridades en perpetuo reordenamiento.

Procesos que provocan que, según esta personal teoría, sigamos siempre cambiando, creciendo, definiéndonos, aprendiendo. Es posible minimizar estos procesos y permanecer lo más inmutables posibles -como si hubiéramos alcanzado finalmente la última versión de la actualización de nuestro software mental/emocional- pero creo no está en nuestra naturaleza.  Creo que nuestra naturaleza es un software en eterno estado Beta. Siempre ante la posibilidad de ser actualizado con más experiencia, información, recursos o influencias de terceros.

Con la llegada de un nuevo año según un particular calendario, muchos nos sumamos a una fantasía e ilusión colectiva de aprovechar los finales de ciclos para reiniciar, adaptar, cambiar o mejorar ciertos puntos de nuestra vida.  El mismo pretexto podríamos encontrar en febrero gracias al calendario chino o en abril en el nuevo año tailandés.

Pero como parte del imaginario colectivo que compartimos por cultura, educación, sociedad y un largo etcétera, estos Años Nuevo siguen siendo la ocasión en la que más se puede notar claramente nuestra relación con los procesos. Con las ideas de reinvención, con los aprendizajes adquirdos a través de buenos o malas experiencias y el sentido de re orientación de lo que no nos gusta cómo se va dando.

Solemos querer otorgarles temporalidad o caducidad a estos procesos. Que con el cambio de año se termine una tendecia determinada en una dinámica laboral o en una relación requiere más que el cambio de una fecha en el calendario. Y como se da en los procesos personales, son alteraciones paulatinas, en movimiento, mutantes a su propia velocidad. Un devenir; ser y dejar de ser.

Aplaudo y me gusta ver que amigos y desconocidos por igual buscan y encuentran en ciertas fechas y celebraciones (los años nuevo y los cumpleaños en especial brillan por su alto contenido de impulsos para ser puntos de partida o de un antes/después) estos momentos de reinvención necesaria. O atestiguar cuando uno de esos muchos procesos llega claramente a un fin o se cierra un ciclo. Los hay desde el natural duelo por fallecimientos o truenes hasta de aprendizajes personales y experiencias profundas o profesionales. De mediano y largo plazo. Algunos se empalman, se enciman.

En estos días, coincidiendo con la llegada de 2011, personalmente estoy cerrando un ciclo que llevó 6 años. Casi exactamente. Y no había caído en la cuenta de este momento hasta hace muy pocos días.

Hace 2,197días, en pleno Boxing Day de 2004 un terremoto en el lecho del Océano Índico provocó un tsunami de una fuerza destructora pocas veces vista. Costas en Indonesia, Malasia, Tailandia, Burma y Sri Lanka fueron arrasadas. Literalmente.

En esas fechas yo vivía en Tailandia, donde en resumen realizaba dos actividades: ser Divemaster en una isla de la costa oriental llamada Koh Tao y preparar con la Embajada de México en Tailandia una Muestra de Cine Mexicano en las principales universidades del país (programada para Marzo de 2005).

Sobra explicar que tras lo sucedido, y ante la magnitud del desastre (situación comparable con México tras el sismo del 85, o Haití y Chile en 2010), el proyecto de la Muestra fue cancelado.

Hasta esa mañana, en la que salí a bucear llevando a un par de alumnos y turistas a un arrecife cercano y conocido (aún recuerdo el nombre de los lugares a los que fuimos a bucear: Twins y Japanese Gardens), entre mis planes no estaba regresar pronto a México.

Poco tiempo le dedicaba a imaginarme en una circunstancia que no fuera la del momento: viviendo con mi novia en un bungalow a 60 mts de la playa, trabajando como buzo, colaborando con la Embajada para hacer algo sobre cine nacional, preocupado quizás solamente por si la moto que usábamos para transportarnos por la isla tenía gasolina o qué película o partido de futbol de la Premier League pasarían por la noche en los restaurantes cercanos donde cenábamos con los amigos.

Estando del otro lado de la delgada península que en esa parte es Tailandia (esto es, una hora en auto te lleva de costa a costa), quienes buceamos en Ko Tao jamás percibimos algún anormal en nuestra salida matutina.

La tradición en Buddha View (el nombre de la escuela de buceo) imponía que a la hora del almuerzo, la diversa comunidad internacional de divemasters que ahí trabajábamos viéramos la BBC como nuestra vía de contacto con el resto del mundo.  Si algo importante sucediera en cualquiera de nuestros países, nos enteraríamos viendo el noticiero de la BBC mientras comíamos.

La importante noticia de alguno de nuestros países nunca llegó. Afortunadamente.

Pero ese mediodía, en la BBC -al igual que en 2001 cuando había visto las torres gemelas derrumbarse en televisión y no creerlo- vimos como un fenómeno natural había destruido todo a su paso a tan sólo un par de horas de donde estábamos. Y donde eso había pasado, había gente que conocíamos. Gente con la que tomamos cursos o estudiamos, nos fuimos de fiesta o de buceo. Gente que nunca volvimos a ver o a saber de ella.

La escuela para la que trabajábamos tenía otra ‘sucursal’ en Ko Phi Phi –una de las islas más afectadas en Tailandia por el tsunami. Nada quedó de ese edificio de dos pisos completamente equipado. Nada que no fuera un montón de cascajo y deshechos no más altos que una mesa de comedor.

Lo supimos quienes un par de días después quisimos ayudar en algo a quienes literalmente lo habían perdido todo yendo a hacer labores de limpieza y apoyo en Ko Phi Phi. Las imágenes que recuerdo de esos días y esas horas no corresponden a nada que haya podido ver antes o después. El caos total, el olor a muerte y a destrucción.  Techos de casa flotando en el mar 20 kms. antes de llegar a la isla.  (por cierto, en pocos días se estrena Hereafter, la nueva película de Clint Eastwood, la cual abre con una impresionante secuencia del tsunami).

No nos llevó mucho tiempo (quizás un par de horas) darnos cuenta que en esas circunstancias, querer ayudar no es suficiente si no estás preparado para algo así.  Emocional, mental y profesionalmente.

Así, días antes de que 2004 acabara, regresamos en silencio durante las 8 horas que nos llevó volver a Koh Tao.

Y ahí inició otro proceso. Impuesto por circunstancias totalmente ajenas a mi control o decisión. Lo suficientemente fuerte para saber que se trataba de algo que no dejaba espacio u oportunidad para hacer algo al respecto.

Para los primeros días de 2005, en el ferry que diariamente llevaba más de 200 o 300 turistas u viajeros a la isla, no había más de una decena de personas. Y esto era temporada alta.

Las prioridades del país cambiaron. Las de la gente. Las de los que nos contrataban y pagaban. Y así, lentamente, comenzó el éxodo de nuestra delegación internacional.

Aún pasé mes y medio más en Tailandia, hasta mediados de febrero. Viajando por el norte del país algunas semanas y después permaneciendo en Bangkok las últimas antes de volver a México.

Justo en la esquina de Khaosan Road, la mítica calle principal del distrito backpacker en Bangkok, y Jakrapong Road, hay una estación de policía. Los 50 mts de largo o más de cada una de sus fachadas estaban tapizadas de mensajes en una infinidad de idiomas con fotografías e información de contacto sobre personas desaparecidas o que sus familiares o amigos querían encontrar.

6 años han pasado de eso. A la inicial sorpresa vino la resignación del necesario regreso a casa. Y ahí comenzó un proceso de intentos y oportunidades, de reinvención del camino entre lo que uno quiere y las circunstancias permiten. Una eterna negociación entre lo que se quiere y lo que se puede hacer. Factores, ambos, que cambian constantemente conforme cambiamos nosotros, lo que vivimos, lo que hacemos y quienes nos rodean.

El tsunami me mandó de regreso a México, y volví justo a tiempo para que en abril me hicieran una invitación profesional que me llevaría a vivir por el resto del año en Colombia como parte de un proyecto de Endemol (gracias al cual conocería a personas increíbles, como amigos y profesionales). Lo que a su vez me llevo a buscar y aprovechar una invitación posterior a trabajar en Argentina.

No estaba escrito, ni era mi destino. Se construyó mientras sucedía, aprovechando o desaprovechando oportunidades aquí o allá en lo personal o en lo profesional, sacrificando unas cosas por otras. A la familia y los amigos por mis necesarias aventuras de descubrimiento de otros lugares o mi constante curiosidad e interés por conocer más, por intentar o por no dejar pasar oportunidades que en el momento me parecían atractivas.

La distancia y el tiempo también pasaron su precio. Siempre se sacrifica y se pierden cosas por intentar otras. Es un constante juego de equilibrio en el que por buena parte sólo tuve a bien ver el lado de mis experiencias muy personales y no de las colectivas, de las que haces con amigos, parejas o con la familia. De las que vas construyendo con el paso de meses o anécdotas.

Por eso me identifico en exceso con los personajes de películas como Up in the air, Into the Wild, 2046, 127 Hours. Esos con quienes comparto el sentimiento de la soledad que es enormemente disfrutable (de la que se aprende de uno y con uno, por las buenas Y por las malas). Apartado de todo, alguna vez con nada más que una mochila en la espalda por meses, en lugares desconocidos.

Muchas decisiones han sido tomadas desde entonces. Renuncias, cambios de trabajo, de domicilio, de ciudad, oportunidades, relaciones, desencuentros. En algunas de ellas uno tenía más factores a considerar para tomar la decisión, en otras las circunstancias limitaban las opciones de acción.

Y todas han sido parte de algún proceso o de varios procesos más. Algunos más largos que estos últimos 6 años, otros de apenas meses o semanas, de índole personal o profesional, de cuestión reflexiva, lúdica o emocional.

Hoy despierto con el sentimiento de que ese particular ciclo que empezó hace 6 años, hace casi 2,200 días se está cerrando. No de la noche a la mañana, pero está por cumplir su parte y dar paso y espacio a otros que llevan rato, otros que inician o que estarán por hacerlo.

Estos más de dos mil doscientos días me han dejado mucho, me hna llevado a un lugar en el que quería estar. Un lugar, mejor dicho, en el que yo decidí estar e hice lo que me correspondía para que así fuera.

No quiero que se entienda como que ya llegué a ‘alguna parte’ o ya encontrè ‘respuestas de vida’. No lo creo. Este es sólo otro punto en el camino. Digamos que es un puesto de rehidratación en pleno maratón. Siguen apareciendo diariamente nuevas ideas, proyectos, planes, curiosidades y sentimientos.

Lo cual significa que todo seguirá moviéndose, mutando, cambiando, creciendo. En mi y alrededor mío (espero, en la gente que me rodea… haré mi parte para estar rodeado de gente en constante cambio también).

Y eso, me provoca una profunda y personal alegría.

Los estertores del año

Nunca he sido gran “fan” de la navidad. La he disfrutado pero sin ser una época que me cause algo especial interiormente.

Suelo relacionarla con una temporada para hacer examen de conciencia y sacar el saldo del año. Fuera de eso, me resulta, por decir lo menos, totalmente intravenosa.

En esta ruta que será corta porque hace frío y porque para iniciar diciembre ya llego cansado, prefiero adelantar el saldo del 2008: Estuvo de la chingada (hay eventos y situaciones que para toda práctica siento que pertenecerán al 2009 aunque hayan iniciado en estas últimas semanas. lo único que hace al 2008 tolerable en su recta final).

Lo inicié emocionado e ilusionado, con un gran trabajo y una casa increíble. Hasta existía en mi iPod un ridículo playlist titulado Merry Little 2008, llena de canciones que me ponían de buenas.

En el transcurso del mismo, perdí un gran amigo, una casa, una relación, me cambié de ciudad y me he lastimado la pierna suficientes veces como para poder considerar que quizás esta lesión muscular me haga dejar de correr… uno de esos pocos placeres que me quedaban tras tanto duelo y tristeza.

En fin. Ni la vida se acaba ni se detiene el mundo. Las cosas no son tampoco tan malas. mi trabajo lo disfruto totalmente y los amigos que he encontrado ahí han sido una gran ayuda, sumados a los de siempre, los incondicionales.
Estamos en proceso para estar mejor… poco a poco.

Por hoy, con la navidad aterrizando cual platillo invasor sobre tierras regiomontanas (lo cual hace como plaga biblica llenando de espiritu navideño gringo los corazones y jardines y casas y negocios de los regios) el saldo está hecho.

¿Correr o no correr?

Ese es el dilema.

En menos de 72 horas tengo, una vez más, una cita con el destino y con 10 kilometros que pretendo correr en menos de 55 mins. (lo cual por anteriores experiencias no debería de ser difícil y no sería mi mejor marca).

Esto no debería ser mayor reto o sorpresa. No se trata de ganar la competencia. Sin duda se trata de terminarla, y de tratar de realizar un tiempo “aceptable” para mi condicion física y los kilos que he ganado desde mi última carrera formal hace ya unos 18 meses.

Intermitentemente, apoyado por unos y entusiasmando a otros, he estado preparandome durante los ultimos dos meses (y desde antes, una vez que recuperé el habito de correr de vez en vez como lo hice por años), como cuando entrenaba con un personaje de mi otrora oficina anaranyada de nombre Santos con quien me daba unos excesos atléticos en el llamado Sope de Chapultepec (en esa epoca corriamos los 10 km. en unos 42-44 minutos).

Hoy mi gran bronca y frustración fue un accidente acontecido el pasado domingo, cuando mi emoción por el regresar a las canchas de futbol, me hizo no calentar y elongar apropiadamente y sufrir a los 10 minutos de juego un pequeño desgarre/tirón en la parte posterior del muslo derecho, el cual me hizo no correr casi nada durante el encuentro (que por falta de cambios tuve que terminar completo)

Desde ese día, he mantenido reposo total y no he podido realizar la fase final del entrenamiento. Todo indica que la lesión está dando de si, y que para el día domingo, no habrá mayor inconveniente para recorrer los 10 mil metros, salvo el que quizás no pueda “echar el resto” o intentar un extra para mejorar tiempos.

El reto es terminar los diez kilometros sin perder la pierna y/o provocar el no poder hacer ejercicio por varias semanas más despues del domingo si en el esfuerzo me resiento del pequeño desgarre. Ah, y hacerlo en menos de una hora, preferiblemente, en menos de 55 mins.

Espero ver a varios ahí. Espero que los que no corren, se animen y corran. Que los que ya corren la terminen por primera vez o por enésima. Sé que una imagen dice más que mil palabras, para ello vean este video. Es lo que siento al correr. Donde sea. Cuando sea. (Pasen por alto la marca y el producto a promocionar y centrémonos más en el ánimo de correr)

Correr no es un ejercicio, es una catársis. Es dejar todo atrás, soltarse y ver sólo hacia adelante, aligerarse de ideas y estar en el momento. Es estar con uno mismo, retarse a uno mismo.

Ya les contaré si este domingo logro vencerme a mi mismo.

¡¡ Dejen dormir !!

Una de las reglas básicas de la convivencia casera es el respeto al sueño ajeno. Cuando se comparte casa con familiares, amigos o pareja, se puede uno burlar o molestar con lo que sea, pero el no dejar dormir al otro puede ser motivo perfecto de una disputa territorial, unos buenos madrazos o hasta de un divorcio.
La noche de ayer llegué a Alabama 57 (esa gloriosa y ya popular dirección en la que habito junto a otras dos personas cuyos nombres no revelaremos para proteger sus identidades) y quedé dormido inmediatamente, en buena medida por mi reciente desangramiento del que ya hablamos en otra entrada.
De la noche recuerdo poco porque dormí profundo. Fue hasta la mañana siguiente cuando me enteré de algunos acontecimientos sucedidos en la madrugada.
Resulta que el buen Che (uno de los habitantes y a quien por motivos varios se le considera la princesa y la hija de la casa) se fue de borracho. Esta ocasión, el Sr. G (el otro habitante de Alabama 57) decidió no ir con él y quedarse a jetear a gusto previniendo un posible viernes de cruda insoportable.
Así comenzó la noche, como hasta eso de las 4:30 de la madrugada, cuando Che volvió a casa con 3 amigas (no pudo ni con una pero trajo tres), una de las cuales es muy buena amiga de G. Ya enardecidos y envalentonados por los efectos de Baco, Dionisio y quién sabe cuantas botellas de vodka, pensaron: Ha de ser una buena idea tirar la puerta de la recámara de G a patadas, despertarlo y hacer que se una a la fiesta.
No entiendo el proceso mental que puede llevar a tal conclusión. Quizás si fuera más bebedor lo haría. Yes que la regla de la puerta cerrada en el departamento es la clara señal, signo o mensaje de que no se quiere, necesita o solicita más compañía o gente tratando de atravesarla.
Yo escuché unos ruidos, no diré que no, pero recaí en un profundo sueño casi ipso facto. A G no le pasó lo mismo, y aunque no se unió a la fiesta, no pegó un ojo hasta las 6 de la mañana.
Obviamente, a la hora del desayuno, no se hicieron esperar los reclamos y regaños al hijo malo y desobediente que permitió que a uno de sus dos padres casi le entrara la revolución por la puerta, la cual hoy muestra graves daños estructurales.
Por si fuera poco, a G le quisieron vender la idea de que la posible entrada a su cuarto resultaría ‘ventajosa’ pues se trataba de una fémina (el primitivismo hormonal del che es de alcances insospechados), argumento que no le convenció en lo absoluto y que se quedó en el saco de los pretextos inútiles que no hay que volver a usar.
Lo que nos quedó claro a todos son varias cosas: respetar el sueño del vecino, no patear puertas y no despertar a nadie… y si en verdad nos traen mujeres a casa y está puesto el seguro de la habitación, no hace falta tirar la puerta, para eso están las copias de las llaves que están en el segundo gabinete de la cocina, abajo de los manteles, en un llavero rojo.

Sangrienta mañana

Creo que pequeños detalles como donar sangre cuando desafortunadamente alguien importante para un amigo lo necesita, bien valen la pena una desmañanada y un piquete, y a uno no le cuesta gran cosa.

Tales fueron las circunstancias para que Pequeño Ed (un individuo de 1.90 mts y seguramente 90 kilos) y yo visitáramos la mañana del jueves un hospital en calidad de donadores.

No haré mención de la innecesaria perdida que gracias a la casi inexistente capacidad de orientación de Giuseppina en la ciudad (la sobrina de quien necesitaba que repusiéramos plaquetas del banco de sangre), provocó que en lugar de llegar poco después de las 8 al nosocomio, hicieramos nuestra entrada triunfal casi a las 9.

Para una mañana en ayuno, no hay nada màs agradable que responder un cuestionario con preguntas como ¿Ha tenido usted relaciones sexuales con otro hombre?, ¿Ha utilizado drogas intravenosas en las ùltimas 72 horas?” u otras fancamente estupidas como ¿Ha comprendido usted las preguntas?

Cuando finalmente dejamos atrás el engorroso trámite, nos tocó pasar a entrevista (imagino que hacerlo a uno responder 45 preguntas y firmar no es suficiente) con una doctora que volvía a repetir los mismos cuestionamienos, más otros como ¿Cuantas parejas sexuales ha tenido en los últimos 5 años?, ¿Y en el último año?, y ¿Está seguro de que no ha tenido sexo con otro hombre?… esta última de plano se mereciò un Estoy seguro, creo que lo recordaría. Finalmente la doctorcita dijo OK, puedes donar y pasé a una sala donde Pequeño Ed ya estaba siendo vaciado de su respectivo medio litro de sangre.
La fortuna de ir a hacer esto con un buen amigo es que no te tienes que quedar callado o aburrirte, y en el caso particular con Ed, se puede bromear sobre lo que sea (doctores, enfermeras, demás pacientes, el equipo, etc).
5 minutos después ya estaba yo siendo acostado y una aguja que parecía un arpón trataba de entrar en mi brazo. Una vez adentro, mis malditas venas decidieron ocultarse y al doctor no le quedó de otra más que buscarlas con la punta de la aguja, como si se tratara de una excavación para poner los cimientos para otro segundo piso del periferico. Imaginen esta escena y a Ed riéndose a un lado del grotesco espectáculo en el que mi flaco brazo y la aguja se hacían uno y se confundían a la hora de que la sangre comenzaba a dejar mi cuerpo, ese lindo lugar donde habia vivido por no sé cuanto tiempo.
Mi reclamo llegó cuando supe que según el tamaño, cada persona tiene una cantidad distinta de sangre y que por nuestras complexiones y estaturas, Pequeño Ed tendría unos 7 litros y yo seguramente 5. Sin embargo, a ambos nos sacarían la misma cantidad, lo que consideré una total injusticia. Por más que lo intenté, el doctor sólo respondía con sonrisas a mi exigencia de que a Pequeño Ed se le sacara por lo menos otro cuarto de litro. Yo estaba seguro que ni lo iba a sentir.
Terminó el procedimiento, y con ello la aguja tamaño manguera de jardín salió de mi brazo. Instantes después iniciaría todo un día dedicados a fingir desmayos, mareos y debilidad que pusieron a Giuseppina al borde del colapso nervioso, especialmente cuando con una actuaciòn digna de nominación al Oscar, Pequeño Ed y yo salimos casi cargándonos el uno al otro de la sala donde se habia hecho la donación.
La verdad es que sí pasé el resto del día como en cámara lenta. Entre un estado de stand by y de somnolencia latente. Eso sì, una buena comida y una noche tranquila de sueño lo curan todo, porque hoy juro que ya estoy completo otra vez… aunque pensándolo bien, ¿cuanto tardaré en tener de nuevo el tanque lleno de sangre? … mmmhhh… uno nunca sabe cuando se necesitaría estar al 100 para cualquier necesidad, y ESO sí es importante.
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